Y no podría entrar
A la casa que le faltaba
En su propia casa.
Subió, cayó
De la escalera
Que llegaba a la ventana
De su amor.
Dolió, no vio
La sangre
Que derramaba su cuerpo
Por el costado.
Su amor gritó
No estoy dispuesto
A amar a un hombre
Ensangrentado.
Cediendo, giró
Por un jardín
Hasta el frente de la casa
De al lado.
La puerta golpeó
Confiando
Poder estar donde antes
Ya había estado.
Encontrarse, nadando
En un mar
De soledades de sangre
Cuajando.
Fue tapando, vendó
Hizo apenas
Lo que pudo el pobre hombre
Y volvió.
Desechó, miró
Bajo sus errores
Y el mismo se fue transformando
En otro.
En otro, igual
A su propio amor
Que estaba escuchando detrás
De la puerta.
Por tanto, intuyó
El cauce vertido
Las gotas de llanto no dado
Por dentro.
Volviendo cayó,
Rozaba un mechón
Apenas el borde de la casa
Que le faltaba.
Y al fin se abrió
La ventana y la puerta
Y todo aquello que fuera bisagra
En la vida.
Como pudo, entró
No es necesario
Luego de haber visto a su amor
Salir.
Pero bien conoció
Así de salidas
Pero nunca de salidas a sí mismo
Entonces creció.
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